Viajes

Visita al Jardín Botánico de Gijón

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La frescura del Jardín tiene que ver mucho con la gran presencia del agua.


Gijón es una ciudad donde se come, bebe y disfruta como lo habrían hecho los dioses del Olimpo de haber existido. Todo ello aderezado con mucha historia -las termas romanas y la Laboral por ejemplo- y una belleza natural de la que forma parte el bello Jardín Botánico de Gijón.

Llegué al aeropuerto de Oviedo a las 8 de la mañana y Belén me llevó al hotel Santa Rosa, situado en el centro de la ciudad. Allí tuve el tiempo justo para desayunar, dejar las cosas y saludar al resto de integrantes del grupo. A las 10 de la mañana estaba en la parte de arriba del autobús turístico de Gijón.

Precioso colorido en cada esquina del Jardín.

Tras dar un breve paseo por el centro, medio grupo nos parábamos en el Jardín Botánico de Gijón mientras el resto continuaba su camino hacia La Laboral.

El Jardín Botánico es único en su especie. Está organizado en cuatro grandes áreas: el Entorno Cantábrico, el Jardín de La Isla, La Factoría Vegetal y el Itinerario Atlántico.

Cada una de estas áreas está dedicada a un tipo distinto de plantas y así podemos contemplar los robles y hayas típicos del Cantábrico; camelias y bonsais que decoran el Jardín; olfatear la Quintana y sentir el frescor de los abetos y sauces del Atlántico.

Una ligera lluvia hizo que nos pusiéramos nuestros rojos chubasqueros antes de subirnos a los segways en los que haríamos la visita al Botánico. Los había visto anteriormente pero para que los que, como yo, es la primera vez que oyen el nombre de estos cacharros os explicaré un poco lo que es.

Dominábamos el segway como grandes conductores de rallies después de media horita.

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