Viajes

Visita a Bagan en Myanmar

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Para llegar a Bagan lo hicimos desde Mandalay -aunque el viaje aquel día empezó en Hsipaw así que fue una buena paliza- en autobús. Desde esta misma ciudad tenéis también las opciones de barco -lento o rápido- o tren. Si tenéis tiempo la gente aconseja el barco aunque depende del amor que le tengáis a los trayectos largos en ríos en los que el paisaje no varía demasiado a partir de unas horas abordo.


El calor era sofocante y fuimos tan vagos que no empezamos a pedalear hasta casi las 11 de la mañana cuando el Sol ya pegaba realmente fuerte. Comenzamos el recorrido por los templos situados en el Viejo Bagan. Siendo más de 4.000 podéis imaginar que los tenéis de todos los colores y tamaños. Algunos de los más bonitos y antiguos están dando al río cerca de la zona de alojamiento y restaurantes en Viejo Bagan. Paramos en uno de ellos al poco de salir y escalamos hasta la cúpula desde donde las vistas eran increíbles.

Hay poco que pueda deciros en cuanto a la visita en sí. Básicamente os aconsejo que déis vueltas y vueltas con la bicicleta -también hay tours y coche de caballos para los más vagos- y entréis en los templos que más os llamen la atención.

Los más famosos -que figuran en todas las guías- están rodeados por tiendas de souvenirs, guías, rickshaws y demás palafernaria típica de estos lugares pero no podéis dejar de verlos igualmente.

A mí los que más me gustaron son los pequeños a los que nadie iba. Fui a algunos por la tarde y otros por la noche -con linterna para molestar a los murciélagos- y al estar en completa soledad en estos lugares centenarios te acabas preguntando quién construyó aquello y cuál pensaba que sería su recompensa en el Mas Allá cuando muriera. También me habría encantando poder transportarme a la capital imperial del siglo XII que fue, pero claro esas son las cosas que te provoca el ser un amante de la historia.

También os digo que hay que ser un gran forofo de templos y pagodas para tirarse todo el día viéndolos. Yo no lo soy así que pasé la primera mañana y parte de una tarde y noche, pero el resto del tiempo lo dediqué a pasear con la bici -cuando bajaba el Sol- y a visitar a mi nuevo amigo Sooleuey, del que os hablaré en el próximo artículo.

La gente suele volverse loca a la hora de buscar el mejor sitio para ver uno de los atardeceres más famosos del continente. Autobuses repletos de turistas van de aquí para allá buscando el lugar perfecto. Yo lo encontré en Nuevo Bagán, bañándome en el río lleno de mierda junto mi amigo Sooleuey. Cuando el Sol se teñía de naranja y se hundía en el horizonte yo hablaba y aprendía del país y de sus gentes conversando con Sooleuey. Me perdí el atardecer sobre los templos pero no es eso lo que buscaba.

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